Un mundo raro, un cuento chiquito

Las mujeres de mi familia narraban la vida como si nada. El patio era -y es- un templo; un pequeño paraíso aquí en la tierra. En él, todas esas mujeres eran las guardianas de la memoria. Fueron ellas las que dieron valor a la palabra dicha; ellas inventaron la esperanza, pájaro de vuelo alto y profundo.

Desde hace más de diez años vengo escribiendo pequeños relatos, que agrupo en Un mundo raro, un cuento chiquito. En ellos, las historias que oí contar en aquel patio se mezclan con fabulaciones de mi puño y letra, pero siempre envueltas por los matices de una tradición agraria, volcánica, social y humana.